En la semana del 24
de junio de 2016, han estado resonando por todo el mundo las campanas de la
soñada paz con las terribles FARC. Ojalá todo salga bien, por el bien de la sociedad colombiana.
Han asistido a la
ceremonia distinguidos personajes de diversos países y de Colombia. Todos
sonríen satisfechos.
Cuando contemplo la
foto principal, no puedo dejar de pensar en uno de los tres personajes, el tristemente
famoso Rodrigo Londoño, jefe de las FARC. Más conocido como Timoleón Jiménez,
alias Timochenko, se dirigió a los presentes, declarando "que este sea el
último día de la guerra". El sonriente personaje arrancó su discurso mencionando
agradecido al funesto Hugo Chávez, quien es claramente el modelo de gobernante
que tienen las Farc. Y con la misma obstinada pertinencia trágica que ha tenido
este movimiento desde que se inició hace 52 años, y utilizando todas las formas
de lucha, me temo que no cesarán hasta llevar al país al modelo que se imaginan.
Aunque se compromete a utilizar los medios legales y pacíficos, me temo que lo
harán con la misma particular versión de democracia y participación que han
aprendido de Cuba y de Venezuela.
Con enorme sabiduría
económica, el jefe de las FARC señaló que, ahora que llega la anhelada paz, se
podrá reorientar el gasto en el presupuesto de país, el cual no tendrá que ser
invertido en la guerra, hacia programas sociales en beneficio de las
comunidades. Naturalmente la nueva orientación del gasto incluirá entregar
subsidios y beneficios a estos persistentes guerreros, me imagino que por
muchos años, como agradecimiento por dejar en paz al resto del país. Naturalmente
no señala Timoleón que todos estos años perdidos y casi todos estos inútiles
gastos de guerra, se deben, fundamentalmente, a la necesidad del país de
defenderse de las criminales acciones de su amada guerrillerada: colocar minas
quiebrapatas, destruir oleoductos, secuestrar personas, envenenar mentes de
niños, tumbar torres eléctricas, dañar infraestructura, colocar bombas, atentar
contra personas, matar gente, lavar cerebros, traficar con drogas, dañar la
ecología. Así, mientras se perdían
importantes recursos combatiendo a esta gente, se llenaron las arcas de estos amables
personajes, con dineros de extorsiones, secuestros, comercio y cultivo de
drogas. Dineros que naturalmente no se reconocen, dada la clara estrategia de que
el fin justifica los medios, tan típica en ellos. Mucho sospecha uno que tales
dineros van a ser usados para beneficio personal de los jefes, para financiar
campañas y comprar consciencias en el futuro trabajo político legal que van a
realizar sin pausa hasta cubanizar a Colombia.
No puedo dejar de
anotar que detrás de la sonrisa amable de Timochenko, se esconde el veterano talante
de criminal de lesa humanidad, impune, que ni en un solo instante se ha
arrepentido de nada. Es que está seguro y tranquilo de que en vez de retribuir
a las víctimas de sus acciones y de tener que pedir perdón, va a recibir
honores sin pausa, entre ellos el premio Nobel de la Paz. Tendrá que pedir
perdón el país por haberlo obligado a hacer las cosas que hizo.
Ante las
celebraciones por el acuerdo de dejación de armas y de la concentración de los guerrilleros
en zonas veredales, no puedo dejar de recordar lo que sucede cuando se libera
alguien que ha estado secuestrado por años, situaciones a las cuales las FARC
nos tuvieron acostumbrados por años y años. Un secuestrado que logra su
liberación, después de haber pagado por ella a sus captores hasta con lo último
que tiene, endeudándose, con la familia buscando y por todos lados, dinero,
fuerzas y ánimos para pagar por su libertad y su vida, agradece al que lo
ha torturado, porque ya lo liberó o lo va a liberar. Como la vida es tan
valiosa, el agradecido secuestrado bendice a su secuestrador y lo llama
MI LIBERADOR. Ese el síndrome del que ha sido secuestrado. Al final,
agradece rendido a los pies del que, satisfecho con los pagos recibidos, lo
deja en libertad. La prensa registra las buenas nuevas, la Cruz Roja
acompaña, el gobierno venezolano también. Colombia ha estado secuestrada por
las FARC y ahora, ante promesas de liberación, celebra agradecida. Todos
celebran. Más celebran las FARC, que como buenos secuestradores, todo lo han
recibido a cambio de la vida de sus pobres y agradecidas víctimas.
No obstante lo
anterior, esperamos que en verdad se apiaden de Colombia estos nuevos
demócratas y en verdad renuncien a sus ideas violentas. Pero con el ELN, el
alter ego de las FARC cada vez más orgulloso y fortalecido, ¿qué se puede
esperar? ¿Otros cinco, diez años de negociaciones, en busca de mayores prebendas
que las logradas por las FARC? ¿Nos va a arrinconar este liberador ejército ahora
que el aparato militar del país se dedica a labores ambientales y sociales,
calmadas las amenazas de las FARC? ¿Nos inspirarán el “amigo” Maduro y el
benemérito Raúl Castro a encontrar la forma de apaciguar a estos elénicos fanáticos?
¡Qué maldición la nuestra, qué imposibles desafíos a la vuelta de la esquina!
Pero rondan el optimismo
y las promesas. Se habla de futuros crecimientos del PIB, de la industria, de
la construcción, de la agroindustria. Luego de que la querida guerrillerada ha
contribuido en todo lo que ha podido atrasar el país haciendo que por muchos
años esta valiente patria que no se ha dejado derrotar por ellos, haya
perdido muchos puntos de su PIB, vendrán años mejores. Ahora, en su bondad, nos
van a dejar ganar alguno que otro punto adicional en el PIB, al menos por unos
añitos. Ya vendrá, la materialización de su sueño, de apoderarse del país para
seguir los modelos cubanos o venezolanos, terribles disipadores de riqueza
nacional. Ahí quizá veremos su logro final, al cabo de tantos años perdidos
dando vueltas y vueltas, millones de colombianos emigrando en busca de lo que
ya no será posible en su patria.
Esto lo pienso cuando
aprecio al segundo gran personaje de la foto de celebraciones, al tirano cubano
Raúl Castro. Él ha sido, con su hermanito Fidel, padre e ideólogo de esta
caterva de luchadores revolucionarios. Él ríe todavía más exultante. A él no le
importan la democracia ni los derechos humanos. La mayor parte de los cubanos (los
residentes en la isla) está en la pobreza y es Cuba uno de los países en donde
más se violan los derechos humanos. Allí se llevan a cabo detenciones
arbitrarias para hostigar e intimidar a personas que intentan ejercer sus
derechos de expresión. A estos dos padres del atraso cubano, hasta les darán
parte del más vergonzoso de los premios nobel de la historia. Es que es
bien simbólico que sea Cuba el lugar donde todo esto ocurre. No dejo de pensar
que el tercer personaje, Juan Manuel Santos, el presidente que por fin logró
que las FARC se compadecieran del país, y que muestra la sonrisa más modesta de
la foto, considera que Cuba es en verdad el modelo de estado que se merece
Colombia.
Y acompañan todo
esto, detrás de bambalinas, el vergonzoso tirano Maduro, el que ha cerrado sus fronteras
con la patria nuestra, que ahora lo mira agradecida y embobada, porque ha
ayudado a negociar su liberación del secuestrador. El tirano que insulta sin
medida, el que manipula a su pueblo y lo conduce al hambre, el que
desconoce la democracia y se burla de ella. Ese es nuestro gran
acompañante. Es el presidente de la escasez de alimentos, del desabastecimiento
de medicamentos, de las largas filas, de la miseria, de los colectivos
motorizados que amenazan y asesina, de los presos políticos.
Entonces, ¿estoy en
contra de la paz, me alejo de los que celebran alborozados? Pues no.
Yo también celebro esperanzado el acuerdo de zonas de desarme, que lo veo bien
diseñado, y me lleno de esperanzas de que se llegue a un cambio favorable,
que cesen la maldad y la violencia. Me identifico con los sentimientos del secuestrado
que celebra alborozado los detalles de su liberación. No soy enemigo de la
paz. Yo también les perdono a esta manada de sinvergüenzas (me refiero a sus
líderes, no a sus tropas, por supuesto), y acepto que lleguen al congreso
y que nos den, con sus sonrisas beatíficas, lecciones de pacifismo y de moral.
Pero falta algo: que Timochenko
y los líderes de las FARC pidan humildemente perdón. Que agachen sus cabezas
con alguna seña de humildad, siquiera por el instante que dura un parpadeo, y que
con la fugaz honestidad que sus conciencias les permitan, pidan alguna pizca de
perdón y ofrezcan sus disculpas por tantas cosas que han hecho.
Y falta algo también.
Que sepamos para dónde vamos. Ojalá que seamos capaces de evitar ser
arrastrados en la triste dirección de
Cuba y de Venezuela.
Enrique Posada
25 de junio de 2016
No hay dudas de que es una paz herida. http://hsbnoticias.com/noticias/politica/audio-alvaro-uribe-dice-que-el-fin-del-conflicto-acordado-co-217875
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