13 - SOBRE EL VALOR DE LA PRÁCTICA
Mediante la práctica se
desarrolla la habilidad para enfocar la atención en los objetos que seleccionamos,
durante el tiempo que sea necesario.
La atención permite el logro de
resultados. La atención está sujeta a flujos de atracción y de resistencia y los
logros se pueden diluir como resultado de estos flujos variables. La práctica
deliberada permite enfocar la atención de forma consciente, lográndose que
fluya de manera estable.
Cuando esto ocurre, se obtiene el conocimiento
creciente de los objetos. La
persona crea incesantemente interacciones con
los objetos, incluyendo aquellos objetos que rodean al objeto de la atención y
a la gran cantidad de circunstancias, recuerdos, distracciones, miedos,
dolores, atracciones que emanan de ellos. Estas interacciones causan una
perturbación del flujo de la atención y el objeto principal se difumina y se
empequeñece.
El valor de la práctica consiste
en que el esfuerzo deliberado conduce seguramente a que la calidad de la
atención mejore continuamente, hasta que el flujo de atención ocurra sin
esfuerzo.
La práctica es un esfuerzo
constante, pero delicado y flexible y está acompañada del abandono momentáneo
de la práctica, es decir, de actividades diferentes y de momentos de descanso,
para dar espacios a la realidad oscilante de la mente y para enriquecerla con
otras prácticas.
La práctica tiene que ver con la
intención. Se toma una decisión y se mantiene constante, más allá de las
distracciones y de los desánimos naturales. A medida que se practica, se tiene
mayor claridad y mayor facilidad para mantener el enfoque.
Más arriba, más arriba
Las montañas revelan los secretos
de la práctica constante
se van escalando paso a paso,
vamos aprendiendo a caminar,
caminando, caminando.
Las montañas forman cadenas
interminables
que se atraviesan en mis destinos
señalando límites que puedo
cruzar
descubriendo, descubriendo
Las montañas rompen la plana
monotonía de la vida
convocan mis esfuerzos de viajero
invitándome a subir hasta el
final
continuando, continuando.
Las montañas son un regalo para
mi vista de caminante
que va apreciando, poco a poco
paisajes que surgen aquí y allá,
contemplando, contemplando.
Caminatas de montaña
Imagínate la solución de un
problema o de una situación que quieras trabajar, resolver o mejorar, como la
subida a una montaña.
Para ello, puedes en realidad
acercarte a una montaña de verdad y dedicarle un cierto tiempo, por ejemplo una
hora, a subir por ella. Mientras subes, atrévete intuitivamente a relacionar
los detalles que aparecen en el camino, con distintos aspectos de la situación
que deseas trabajar. A medida que caminas, enfoca tu atención con mayor
claridad en la relación existente entre el paisaje y esos temas. Si te
distraes, vuelve a enfocarte en esa relación. Descubre, contempla, relaciona,
aprende, continúa.
Cuando llegues a la parte alta de
la montaña, contempla el paisaje con emoción, con alegría de vivir. Luego
recopila durante unos minutos lo que aprendiste en la subida.
Al bajar, contempla de nuevo los
detalles del paisaje con curiosidad, sin afanes, con la visión animada y
renovada del que ha sido capaz de subir.
Si no tienes una montaña cerca,
súbela en tu mente o reemplaza la caminada de montaña por la de un sendero, por
un bosque o por cualquier camino. A la hora de la verdad, todo tiene subidas y
bajadas: subir puede asociarse con ir y bajar puede tomarse como regresar.

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