25 de junio de 2016

 LA FIRMA DE LA PAZ CON LAS FARC

En la semana del 24 de junio de 2016, han estado resonando por todo el mundo las campanas de la soñada paz con las terribles FARC. Ojalá todo salga bien,  por el bien de la sociedad colombiana.

Han asistido a la ceremonia distinguidos personajes de diversos países y de Colombia. Todos sonríen satisfechos.

Cuando contemplo la foto principal, no puedo dejar de pensar en uno de los tres personajes, el tristemente famoso Rodrigo Londoño, jefe de las FARC. Más conocido como Timoleón Jiménez, alias Timochenko, se dirigió a los presentes, declarando "que este sea el último día de la guerra". El sonriente personaje arrancó su discurso mencionando agradecido al funesto Hugo Chávez, quien es claramente el modelo de gobernante que tienen las Farc. Y con la misma obstinada pertinencia trágica que ha tenido este movimiento desde que se inició hace 52 años, y utilizando todas las formas de lucha, me temo que no cesarán hasta llevar al país al modelo que se imaginan. Aunque se compromete a utilizar los medios legales y pacíficos, me temo que lo harán con la misma particular versión de democracia y participación que han aprendido de Cuba y de Venezuela.

Con enorme sabiduría económica, el jefe de las FARC señaló que, ahora que llega la anhelada paz, se podrá reorientar el gasto en el presupuesto de país, el cual no tendrá que ser invertido en la guerra, hacia programas sociales en beneficio de las comunidades. Naturalmente la nueva orientación del gasto incluirá entregar subsidios y beneficios a estos persistentes guerreros, me imagino que por muchos años, como agradecimiento por dejar en paz al resto del país. Naturalmente no señala Timoleón que todos estos años perdidos y casi todos estos inútiles gastos de guerra, se deben, fundamentalmente, a la necesidad del país de defenderse de las criminales acciones de su amada guerrillerada: colocar minas quiebrapatas, destruir oleoductos, secuestrar personas, envenenar mentes de niños, tumbar torres eléctricas, dañar infraestructura, colocar bombas, atentar contra personas, matar gente, lavar cerebros, traficar con drogas, dañar la ecología.  Así, mientras se perdían importantes recursos combatiendo a esta gente, se llenaron las arcas de estos amables personajes, con dineros de extorsiones, secuestros, comercio y cultivo de drogas. Dineros que naturalmente no se reconocen, dada la clara estrategia de que el fin justifica los medios, tan típica en ellos. Mucho sospecha uno que tales dineros van a ser usados para beneficio personal de los jefes, para financiar campañas y comprar consciencias en el futuro trabajo político legal que van a realizar sin pausa hasta cubanizar a Colombia.  
  
No puedo dejar de anotar que detrás de la sonrisa amable de Timochenko, se esconde el veterano talante de criminal de lesa humanidad, impune, que ni en un solo instante se ha arrepentido de nada. Es que está seguro y tranquilo de que en vez de retribuir a las víctimas de sus acciones y de tener que pedir perdón, va a recibir honores sin pausa, entre ellos el premio Nobel de la Paz. Tendrá que pedir perdón el país por haberlo obligado a hacer las cosas que hizo.   

Ante las celebraciones por el acuerdo de dejación de armas y de la concentración de los guerrilleros en zonas veredales, no puedo dejar de recordar lo que sucede cuando se libera alguien que ha estado secuestrado por años, situaciones a las cuales las FARC nos tuvieron acostumbrados por años y años. Un secuestrado que logra su liberación, después de haber pagado por ella a sus captores hasta con lo último que tiene, endeudándose, con la familia buscando y por todos lados, dinero, fuerzas y ánimos para pagar por su libertad y su vida, agradece al que lo ha torturado, porque ya lo liberó o lo va a liberar. Como la vida es tan valiosa, el agradecido secuestrado bendice a su secuestrador y lo llama MI LIBERADOR. Ese el síndrome del que ha sido secuestrado. Al final, agradece rendido a los pies del que, satisfecho con los pagos recibidos, lo deja en libertad.  La prensa registra las buenas nuevas, la Cruz Roja acompaña, el gobierno venezolano también. Colombia ha estado secuestrada por las FARC y ahora, ante promesas de liberación, celebra agradecida. Todos celebran. Más celebran las FARC, que como buenos secuestradores, todo lo han recibido a cambio de la vida de sus pobres y agradecidas víctimas.

No obstante lo anterior, esperamos que en verdad se apiaden de Colombia estos nuevos demócratas y en verdad renuncien a sus ideas violentas. Pero con el ELN, el alter ego de las FARC cada vez más orgulloso y fortalecido, ¿qué se puede esperar? ¿Otros cinco, diez años de negociaciones, en busca de mayores prebendas que las logradas por las FARC? ¿Nos va a arrinconar este liberador ejército ahora que el aparato militar del país se dedica a labores ambientales y sociales, calmadas las amenazas de las FARC? ¿Nos inspirarán el “amigo” Maduro y el benemérito Raúl Castro a encontrar la forma de apaciguar a estos elénicos fanáticos? ¡Qué maldición la nuestra, qué imposibles desafíos a la vuelta de la esquina!

Pero rondan el optimismo y las promesas. Se habla de futuros crecimientos del PIB, de la industria, de la construcción, de la agroindustria. Luego de que la querida guerrillerada ha contribuido en todo lo que ha podido atrasar el país haciendo que por muchos años esta valiente patria que no se ha dejado derrotar por ellos, haya perdido muchos puntos de su PIB, vendrán años mejores. Ahora, en su bondad, nos van a dejar ganar alguno que otro punto adicional en el PIB, al menos por unos añitos. Ya vendrá, la materialización de su sueño, de apoderarse del país para seguir los modelos cubanos o venezolanos, terribles disipadores de riqueza nacional. Ahí quizá veremos su logro final, al cabo de tantos años perdidos dando vueltas y vueltas, millones de colombianos emigrando en busca de lo que ya no será posible en su patria.  

Esto lo pienso cuando aprecio al segundo gran personaje de la foto de celebraciones, al tirano cubano Raúl Castro. Él ha sido, con su hermanito Fidel, padre e ideólogo de esta caterva de luchadores revolucionarios. Él ríe todavía más exultante. A él no le importan la democracia ni los derechos humanos. La mayor parte de los cubanos (los residentes en la isla) está en la pobreza y es Cuba uno de los países en donde más se violan los derechos humanos. Allí se llevan a cabo detenciones arbitrarias para hostigar e intimidar a personas que intentan ejercer sus derechos de expresión. A estos dos padres del atraso cubano, hasta les darán parte del más vergonzoso de los premios nobel de la historia. Es que es bien simbólico que sea Cuba el lugar donde todo esto ocurre. No dejo de pensar que el tercer personaje, Juan Manuel Santos, el presidente que por fin logró que las FARC se compadecieran del país, y que muestra la sonrisa más modesta de la foto, considera que Cuba es en verdad el modelo de estado que se merece Colombia.

Y acompañan todo esto, detrás de bambalinas, el vergonzoso tirano Maduro, el que ha cerrado sus fronteras con la patria nuestra, que ahora lo mira agradecida y embobada, porque ha ayudado a negociar su liberación del secuestrador. El tirano que insulta sin medida, el que manipula a su pueblo y lo conduce al hambre, el que desconoce la democracia y se burla de ella.  Ese es nuestro gran acompañante.  Es el presidente de la escasez de alimentos, del desabastecimiento de medicamentos, de las largas filas, de la miseria, de los colectivos motorizados que amenazan y asesina, de los presos políticos.

Entonces, ¿estoy en contra de la paz, me alejo de los que celebran alborozados?  Pues no. Yo también celebro esperanzado el acuerdo de zonas de desarme, que lo veo bien diseñado, y me lleno de esperanzas de que se llegue a un cambio favorable, que cesen la maldad y la violencia. Me identifico con los sentimientos del secuestrado que celebra alborozado los detalles de su liberación. No soy enemigo de la paz. Yo también les perdono a esta manada de sinvergüenzas (me refiero a sus líderes, no a sus tropas, por supuesto), y acepto que lleguen al congreso y que nos den, con sus sonrisas beatíficas, lecciones de pacifismo y de moral.

Pero falta algo: que Timochenko y los líderes de las FARC pidan humildemente perdón. Que agachen sus cabezas con alguna seña de humildad, siquiera por el instante que dura un parpadeo, y que con la fugaz honestidad que sus conciencias les permitan, pidan alguna pizca de perdón y ofrezcan sus disculpas por tantas cosas que han hecho.

Y falta algo también. Que sepamos para dónde vamos. Ojalá que seamos capaces de evitar ser arrastrados en la triste  dirección de Cuba y de Venezuela.

Enrique Posada
25 de junio de 2016

1 comentario:

  1. No hay dudas de que es una paz herida. http://hsbnoticias.com/noticias/politica/audio-alvaro-uribe-dice-que-el-fin-del-conflicto-acordado-co-217875

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