25- En Dios, está la semilla
última de todo el conocimiento.
Cuando asumimos
la mirada divina, tenemos la posibilidad de aproximarnos a la fuente de todo el
conocimiento.
Las personas tienen
dentro de sí un ansia enorme de conocimiento. Es una semilla interior que se
debería ir desarrollando más y más, hasta convertirse en árbol que da frutos.
Frutos para un mundo mejor. Sin embargo, pareciera ser que la ignorancia se va
apoderando del las personas, hasta que la semilla apenas sí brota.
Nos imaginamos a
Dios como el creador que todo lo sabe, para el cual todo está claro e iluminado.
Esta es una imagen que corresponde a la semilla divina plantada dentro de
nosotros.
Podemos dar
alimento a nuestra semilla, la podemos regar si nos aproximamos a la imagen
poderosa de sabiduría y conocimiento divino que late calladamente dentro de nosotros.
Se trata de una
creencia poderosa: Puedo conocer, puedo aprender, tengo la capacidad para
compenetrarme con el mundo, para aprender a mirarlo como lo mira Dios, o al
menos, en forma ligeramente parecida. Basta con cultivar la semilla interna. El
límite es amplio y generoso, la jornada es entretenida y variada, la recompensa
es agradable y vale la pena. Mirar como mira Dios. Conocer como conoce Dios.
Llegar a la esencia de las cosas. Descubrir la energía interna y el sentido del
universo.
El conocimiento profundo
Ayer te conocí y, como
me pareciste atrayente,
sentí deseos de conocerte
más y más.
Ayer estuviste por
ahí y, como apenas si me di cuenta,
no estoy seguro de
que tenga tiempo para ti.
Ayer te vi y, como no
me sentí cómodo en tu presencia,
poco me interesa
conocerte.
Ayer pasaste muy
rápido y, puesto que no me miraste,
sentí poco interés
de compartir contigo y conocerte.
Ayer te miré, y como
devolviste mi mirada, desafiante,
tuve miedo de conocerte
y preguntarte.
Hoy tengo una
mirada profunda y, como ella todo lo penetra,
siento que puedo
conocerte sin límites.
Hoy contemplo mis
miradas, y como veo mis límites,
algo me dice que
puedo ver el más allá desde el más acá
y el más acá desde
el más allá: Es cuestión de
situarse bien.
Los límites del conocimiento
Es frecuente que
existan en nuestra mente conjuntos de creencias que nos limitan en todo lo
relacionado con el conocimiento.
Por ejemplo: un
estudiante cree que debe llegar a una clase sin haber leído la lección previamente,
pues el orden de las cosas pone la ignorancia como espacio vacío para llenar la
taza del conocimiento. O quizás un maestro cree que no tiene espacio para
atender con amplitud las preguntas de sus alumnos, pues si saca tiempo para
responderlas, no lo tendrá para enseñar nuevos conceptos. O quizás un
estudiante ve a su maestro como su enemigo, o al contrario.
Cuando estemos enfrentados a desafíos de conocimiento, es bueno examinar nuestras creencias alrededor del
tema y de las circunstancias que lo rodean. Ver cuáles nos impulsan en la
dirección correcta y cuáles nos abren las puertas de la sabiduría. Ahora
imaginemos que sentimos lo que siente Dios y que tenemos su poder para limpiar nuestra mente de limitaciones. Adentremos con este poder hacia un mundo nuevo, fresco y
creativo. No nos limitemos. No no castiguemos.

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