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La intensidad de la energía
tiene grados: ligera, mediana, fuerte.
La energía
tiene tres niveles, suave, mediano e intenso.
Parece algo muy
simple, pero es importante darse cuenta de la existencia de los niveles de
energía. Esto permite visualizar los conceptos de energía crítica y cuántica, que
posibilitan el curso de una acción cuando se quiere cambiar de estado. No
solamente se entiende la energía como un continuo de valores que aumentan o
disminuyen. Hay que visualizarla como un valor dado que posibilita el cambio.
Un valor definido y acotado que genera acción efectiva. El aforismo señala tres
valores, para indicar intervalos discretos, más que un continuo infinito de
valores.
Para captar el
nivel de energía que debe aplicarse, el sujeto debe sentir al objeto y vibrar
con él, poniéndose a tono con las frecuencia naturales del objeto. Así será más
efectiva la acción. Para sentir el objeto, el sujeto o persona lo debe
contemplar con atención cariñosa, notando diversos detalles. Luego, la persona
se olvida de sí misma y se convierte en el objeto, sintiendo lo que este
siente. Al hacer esto durante algún tiempo, se capta información muy valiosa
sobre el objeto y se tiene mayor acceso al campo energético del mismo. En forma
intuitiva y gradual se podrán localizar las zonas efectivas de la relación
entre sujeto y objeto y se descubrirán los métodos eficaces para que no se
agote la energía personal a pesar de vibrar con los objetos.
Las frecuencias escondidas
Este universo es un nido de vibraciones pulsantes
y como yo también
vibro incesante,
se me antoja que
hay mensajes que se cruzan entre nosotros:
mensajes vivos e
inquietantes
que apenas si
capto, pero que son importantes.
Este universo es
como esta naciente poesía,
rica en frases aún
no dichas,
que yo pudiera
decir si lograra una mágica sintonía de sonidos
de palabras bellas y
precisas
para despertar los
ecos que en tu mente vibran.
Las palabras que abren la cueva encantada
Hay mil formas de
decir algo. Cada forma suena distinto, vibra distinto, abre distintas puertas,
penetra distinto en las mentes y convoca distintas energías. Obviamente no
podemos escoger siempre las palabras, pues somos personas prácticas que vamos
por el mundo expresando lo que sentimos, lo que pensamos, sin prestar mayor
atención a la calidad de nuestras palabras.
Esto no quiere
decir que no podamos, con alguna frecuencia, vibrar más claramente con lo que
decimos, para decirlo mejor, para expresarnos de forma más efectiva, más
cariñosa, más sentida. Esto sería muy bueno para mejorar la calidad de nuestras
comunicaciones.
Cuando quieras hacer
esto, toma una hoja de papel. Pon en el centro el tema sobre el cual te quieres
expresar. Luego pon a su alrededor al menos diez formas de decirlo, tratando en
cada caso de sentir lo que la persona que te va a escuchar estará sintiendo
cuando te escuche. Es muy posible que se abra una cueva encantada llena de
tesoros cuando digas lo que tienes que decir.

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