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La proximidad del resultado
es proporcional a la energía de la intención.
Las
personas se aproximan a los objetos con distintos niveles de energía. Es más
próximo el resultado en la medida en que haya mayor intensidad y mayor agudeza
en la energía utilizada.
La energía tiene
que ver con distintos aspectos de la búsqueda: el potencial o reserva de
energía; la velocidad de la aproximación; la intensidad de los movimientos y de
las vibraciones de los elementos involucrados; la posición relativa entre el
sujeto y el objeto; la capacidad para enfocar los esfuerzos y para evitar que
se disipen en otras direcciones; el magnetismo, la atracción o el rechazo que
genera el objeto para el sujeto; las energías de otros sujetos o de otros
objetos, asociados con la relación que se está definiendo entre sujeto y
objeto. La intensidad y la agudeza de la energía es, por lo tanto, un asunto
extenso y rico en matices.
Acá se plantean al menos dos aspectos: la intensidad en cuanto a lograr superar un potencial o
umbral crítico; el enfoque, en cuanto a centrar la atención en el objeto de
manera eficiente y eficaz, evitando que la atención se disipe en otras
intenciones y objetos. Se plantea una sabiduría del manejo de la energía.
Considero que este
proceso es de tipo recurrente e implica un aprendizaje. La fatiga o pérdida de
la atención es parte natural de este proceso. Esto se resuelve mediante la
recuperación de la intencionalidad con juegos de atención: volver a poner la
atención en el objeto. Igualmente se deben eliminar las interferencias y
asperezas entre sujeto y objeto con base en un manejo correcto de creencias:
mantener la fe y la confianza, avivar el encantamiento con el objeto mediante
ejemplos, historias, enseñanzas, cánticos y celebraciones.
La mayor fuente de
la energía es la que se genera cuando el sujeto tiene contacto con su
conciencia pura y trascendente, mediante prácticas de meditación.
Las flores de mi jardín
Las flores de mi
jardín hacen placentero el regreso a casa,
cuando se agota la
jornada
se van perdiendo
las ganas
y camino más
despacio.
Estas flores de mil
colores y de formas sorprendentes,
se ven frescas y
lozanas
nunca pierden el
deseo de vivir
ni se quejan de
cansancio
Las flores de mi
jardín me despiden de mañana
cuando animado me
marcho
y me hacen sentir anhelos
de conquistar el
espacio.
Recobrando la energía
El sol es el mejor
ejemplo físico que tenemos de la enorme energía universal que mantiene vibrante
al universo. Por eso vale la pena sentirse como si uno fuera el sol, para
sentirse pleno de energía.
Con los ojos
cerrados, acuéstate en un lugar soleado y mira al sol, sin abrir los ojos, por
unos cuantos segundos, sintiendo cómo su luz y su calor inundan el cuerpo
entero.
Luego, sentado o
acostado, imagínate que eres el sol y que posees su enorme energía, casi
infinita y misteriosa, que hace que la tierra y que todos tus proyectos
terrenales y materiales, sean posibles, que hace que las flores de tu jardín
brillen, siempre frescas y lozanas, sin cansancio y sin temores.

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