Sobre
la negociación. Algunas enseñanzas que nos deja el proceso de negociación con
el grupo violento de las farc
Enrique Posada
He reflexionado
todo lo que sigue mientras asistía a una charla con el gran experto negociador
José Ignacio Tobón (quien incidentalmente fue mi alumno en la facultad de
Ingeniería Química hace muchos años). José Ignacio es autor de varios libros
sobre el tema, uno de ellos bastante aplicable al tema presente: Negociando
con un H.P. sin morir en el intento
Es importante
advertir que la charla del ingeniero Tobón no se refirió para nada el proceso
con las farc. Lo que sigue es todo de mi cosecha al oír sus palabras y no lo
compromete a él. Los asuntos los fui anotando y los compartí en mi página de
Facebook mientras él nos daba una charla. Luego los he organizado y completado
para elaborar este ensayo que comparto con mis lectores para beneficio de sus
actividades. Lo que hago es señalar algunos aspectos que presentó el experto y
añadir mis comentarios, para aplicarlos al caso que nos ocupa.
Todo lo que sea complicado destruye valor
Todo lo que sea
complicado destruye valor. Observemos la enorme complicación del acuerdo
alcanzado con las farc en sus dos casi idénticas versiones. El solo hecho de
que tenga 297 páginas en su primera versión y más de trescientas páginas en la
segunda muestra que se trata de algo complicado y de difícil comprensión. Y no
porque la gente sea tonta o porque no tenga tiempo o ganas de entender las
cosas. Es más bien que en él se refleja la misma complicación mental de las
personas que negociaron o sus intereses de llevar el país hacia zonas confusas.
Como resultado de ello más de 300 páginas de complicaciones nos esperan. Habrá
muchas posibilidades de enredos y de frustraciones.
Una buena
negociación habría conducido a algo más fundamental y más simple. Ojalá
hubieran resultado 20 páginas de sabiduría y de valores
Observar bien con qué socios se adquieren compromisos,
observar bien con qué pareja se atreve uno a planear y a diseñar la vida.
Los negociadores
del gobierno aceptaron revisar el modelo de país hasta el punto de que llegaron
a aceptar en la práctica una nueva constitución y un modelo de gobierno que
implica a las farc como socio principal de muchas cosas, especialmente el
manejo de la tierra. Esto se vio atenuado en parte cuando el país, valiente e
inteligentemente dijo NO en el plebiscito sobre la primera versión del acuerdo.
Pero al final se ha llevado al país a casarse con la noviecita de las farc, una
amante traicionera, capaz de llenar el país de cocaína, de minas quiebrapatas y
de derrames de petróleo si no se atienden sus caprichos.
Uno debe casarse
con alguien que sea transparente. Eso da futuro y valor a la vida y a la
relación. ¿Qué tan transparentes es la esposa Farc?
Controlar la
transparencia es muy costoso cuando se duerme con el enemigo. Ahora, ¿podremos
hacerlo? Estemos atentos
Uno debe admirar y
apreciar a la novia. ¿La admiramos?
Cuando una parte
depende de la otra y no le tiene confianza, mala cosa. Terribles negociadores
tuvimos. Como reses al matadero, engañados por tales mediocres negociadores, de
la mano de un premio Nobel mentiroso y manipulador, experto en espectáculos
mediáticos, se dirigen los colombianos por las traicioneras aguas del
turbulento río de las farc. El jueves 24 de noviembre se ha firmado el contrato
mayor del engaño, dulcificado para que las reses no sientan dolor. Estemos
atentos.
El mal negociador, para resolver un conflicto, lo
entrega todo.
Existen cuatro
zonas que permiten visualizar la forma en que se combinan la conciencia y el
conocimiento o competencia sobre los asuntos que son objeto de una negociación
Un mal negociador está
situado en la zona 1, en la cual se es incompetente y no se es consciente de
ello. Si persiste en mantenerse en esa posición, su tendencia es a percibir lo
que está sucediendo como un impresionante conflicto, de mucha dificultad. El
mal negociador, para resolver un conflicto de tales proporciones, lo entrega
todo.
Esos negociadores
del gobierno caen en la zona de la inconsciencia incompetente. No saben lo que
hacen. Y se sienten bien así. Es la comodidad de la ignorancia irresponsable
Cuando observadores
externos hacen sus comentarios, expresan sus grandes dudas, advierten sobre los
riesgos de una mala negociación que parte de hacer grandes concesiones, y
sugiere que haya más conciencia de los riesgos, el mal negociador se resiste a
volverse bueno. Entonces niega en tres formas:
· Dice
que es perfecto todo. Este es el mejor de los acuerdos posibles dice el
negociador principal, con profunda y resignada sabiduría y con los ojos
entornados.
· O
descalifica al que le hace propuestas distintas. Repite en todos los foros el
gran jefe, el presidente. Los que critican son enemigos de la paz. Los del No son
absurdos, son ignorantes, no entienden bien. ¿Cómo pueden tener razón si toda
la comunidad internacional apoya el acuerdo? [que por supuesto no ha sido leído
por la tal mítica comunidad. ¿Quién se lee 300 páginas con cuidado?]
·
O
se ofusca. Echa culpas, acusa. Dice el presidente que si no se acepta el
acuerdo, los del No van a arrojar al país a la guerra urbana.
La negociación debería ser un proceso que recorra las
cuatro zonas. Hay que aprovechar las oportunidades para evolucionar. Si el
negociador abre su mente puede convertirse en un mejor negociador
Cuando acepta la
posibilidad de mejora pasa al cuadrante 2. El de la aceptación. Se es
consciente de que las cosas se pueden mejorar y acepta ayuda externa.
Eso ha sucedido a
regañadientes con el proceso de las farc. El gobierno y su equipo recibieron una
dura bofetada en sus pacíficas caras de negociadores que todo lo entregan,
cuando la gente dijo NO en un plebiscito absolutamente manipulado para que
resultara abrumadoramente ganador el SI, debidamente cuñado con declaraciones
de la Iglesia, del Papa, de la ONU, del sabio expresidente Mujica (Si Colombia dice “NO”, queda como un pueblo
esquizofrénico).
Entonces ¿Qué pasó?
Todo parecía bien. El jefe negociador se mostró humilde y renunció. Hay que
hacer un cambio, el país así lo ha dicho. Pero el insensible presidente no vio
razón para hacer cambios en su gran equipo de sacrificados negociadores que
lucharon durante cuatro años para llevar a las farc a la paz, tragando sapos de
todos los tamaños.
Por un lado había
buenas señas. El negociador más consciente trata de llegar a un acuerdo mejor.
Un acuerdo nacional. Un verdadero consenso.
Pero por el otro
lado. Al no hacer cambios reales en el esquema de negociación, se asumieron a
regañadientes las necesidades de hacer algo ante la manifestación popular. Y
resultó la opción de aceptar sugerencias. Pero que se entreguen ya, ya mismo,
con rapidez. Y se montó un sistema de marchas espontáneas, pero bien
organizadas y difundidas, para forzar a los del NO a decir ya mismo que es lo
que quieren. Si no dicen ya mismo lo que quieren, se quiebra el débil hilo de
la paz…y eso es culpa del NO.
Pero respondieron a
gran velocidad los del NO. Más de 400 propuestas de cambio. Para La Habana
salen los negociadores. ¿Si será que defienden a la mayoría del país que ha
dicho NO a los acuerdos? ¿Si será que se estudian las nuevas propuestas para
poder defenderlas ante las amenazadoras y peligrosas farc? Parecería obvio que
no. Pero todos cruzan los dedos.
Y sorpresa y
milagro. En dos semanas dejan listo el asunto. Gran acuerdo.
Bueno, mejor, ¡Gran
maquillaje! No ha abierto realmente sus ojos el negociador
Una gallina tenía
dos pollitos. Uno sano y uno enfermo. Para curar al enfermo, mató al sano para
darle sopita de pollo al enfermito.
Matar a la gallina
de los huevos de oro es mala táctica
Para que viva y
prospere por siempre el gavilán pollero farc (disfrazado de pollito víctima y
enfermito con la fiebre de la violencia) matan el gobierno y sus negociadores al
orden establecido, a las ideas democráticas de la mayoría y le damos todos
sopita constitucional al gavilán pollero, que ya proclama, como es de uso en la
izquierda, un gobierno de transición. En este caso criollo, ello significa
marchar hacia el ideal del socialismo del siglo 21, que es comunismo puro, como
proclama Fidel Castro, el gran santo de la revolución fariana, desde ayer en la
otra vida
Cuando se tiene la conciencia y se busca el consenso,
toman más tiempo las cosas.
Cuando el
negociador es consciente de la necesidad de una buena negociación va a entender
que habrá cierta ineficiencia en el proceso. En apariencia no quedan hechas a
tiempo todas las cosas. Pero con persistencia, paciencia y liderazgo se puede
lograr la maestría
La maestría es el
cuidado, la atención, el buen manejo administrativo. Lo contrario es aplazar,
diluir, distraer, sacar pretextos, descuidar, figurar.
Por ejemplo, no hay
que decir, antes de realizar los distintos procesos, que habrá que ceder en los
principio. Recordemos: habrá que tragar sapos, habrá que perder el mar
territorial, la cosa está muy difícil, como han dicho con insistencia nuestros
negociadores y la inefable canciller, la experta en tragar sapos marinos
internacionales.
El buen negociador
busca el equilibrio entre las relaciones (el deseo de pacificar al que amenaza
violentamente, al que derrama petróleo en los ríos en medio de la negociación
para presionar) y los temas y los asuntos (el país).
El buen negociador
no es duro ni suave. Es desafiante
Hay que ver no solamente los costos y las ventajas
visibles sino también los costos y ventajas ocultos
Durante este
proceso, con gran sabiduría negociadora y completa persistencia, las farc
llevaron a los negociadores a aceptar su visión: No hay conflicto, sino guerra;
el principal (en esencia el único) culpable es el estado; las farc son
víctimas; la guerra subversiva es justa: cualquier cosa que se haga es válida y
conexa con la subversión. Llevaron a los negociadores del gobierno a
identificarse con las víctimas…del estado y de los paramilitares, ya que no hay
víctimas de las farc, a aceptar que cualquier cosa que se haga por llegar a la
paz, es decir, a pacificar a las farc, es válida. Entonces los llevaron a ver solamente
los costos (guerra y muertes) y las ventajas visibles (la paz aparente).
Dejaron de ver los costos y las ventajas ocultos cuando se negocia bien (una
necesidad de sofisticar el sistema de negociación, de encontrar los puntos de
equilibrio, país que tenga futuro y sostenibilidad)
Al negociar hay que entender la situación
Un abogado externo,
español, llevó a que los negociadores del gobierno aceptaran, bajo la presión
de las farc, que para llegar al arreglo había que cambiar la constitución del
país, a pesar de que desde un inicio se dijo que no se negociaría la
constitución. Parece obvio que los negociadores del estado no entienden bien
estas cosas y no se asesoraron, se dejaron llevar de un extranjero.
Hay que entender la
situación. Buena parte del acuerdo, en mi concepto la más grave, además del
asunto constitucional, es lo que se ha convenido sobre el tema de las tierras.
Esta gente ha negociado el tema de las tierras como si fueran dueños del país, como
si estuvieran negociando cosas propias sin mayor valor, sin conocer, sin tener
en cuenta costos, afectados, plazos reales. ¿Si sabrán cuál es la situación
real de las tierras? No se nota en los acuerdos. Tampoco se nota demasiado en
los del NO, pienso que tampoco ellos caen en cuenta de las implicaciones reales
de lo que se ha convenido en las dos versiones, que son muy parecidas entre sí,
con ajustes favorables en el finalmente convenido, pero realmente menores.
Se llama brecha al
espacio existente entre una situación que existe y la nueva que se propone como
parte de la negociación. Hay que entender el problema y tener muy claro cuál es
la brecha existente. Me pregunto hablando de las tierras: ¿Qué pasa realmente
con las tierras, cuáles son nuestros defectos reales, qué queremos, estamos
siguiendo o nos estaremos dejando imponer modelos trasnochados, demagógicos,
ineficientes? Eso es lo que creo.
Hay que entender las implicaciones. No hay que resolver
las cosas por los dolores (síntomas) sino por lo que realmente va a pasar
Hay que saber la
necesidad que se va a resolver con la negociación y ver si sí se resuelve
realmente. Cuando se llega a ello, esa es la solución.
En resumen, hay que
ubicarse. Hay que detectar la brecha. Hay que ver los dolores y las necesidades.
Finalmente hay que resolver de verdad el asunto.
Un sofisma en todo
esto es racionalizar: lo que es perjudicial, verlo como bueno, porque no se ve
otra posibilidad.
No negociar con base en posición. Negociar con base en
necesidades, en intereses verdaderos.
Los negociadores
del gobierno no se enfocaron en necesidades, sino en posiciones y se dejaron
llevar a la posición de las farc. Los que tienen necesidades acostumbran a
pedir mucho con el pretexto de resolver esa necesidad. Hay que ser capaces de
no enfocarse en el pedido, sino en la necesidad.
Por ejemplo, las
farc necesitan retirarse honorablemente de su guerra, de la tormenta que han
diseñado, estando ya viejos, ricos, cansados, con hijos profesionales. Pero no
admiten eso, fijan su posición de grandes subversivos heroicos que luchan por
cambiar el país, para llevarlo hacia el ideal socialista. Con base en ello
dicen: el país debe entregar 10 millones de hectáreas gratis a los campesinos
pobres, dotadas de servicios, créditos, etc.
El gobierno los dice: no es posible. No se puede. Negocian la posición
de las farc. Llegan a algo bien favorable a ojos de los negociadores del
gobierno: Solo 3 millones de hectáreas. Las farc entornan sus ojos razonables y
dicen, bueno, cedemos, solo 3. Quedan como uno benéficos que han cedido a la
energía del gobierno.
Pero en realidad,
¿en qué cedieron las farc? No cedieron tierras, no aportaron nada, embarcaron
al país en un modelo de tierras gratis cuyas implicaciones nadie entiende.
Asuma que la necesidad es verdadera, pero resuélvala de
una manera distinta a lo que le pidan. Hay que ser creativos.
La clave es no
entregar lo que se pide sino lo que se necesita. No entregar el país si te lo
piden. Aceptar darle sensación y realidad de seguridad a las Farc, pero no
comprometer al país, simplemente porque ellos quieren que el país agache la
cabeza al que lo amenaza violentamente o las que lo tientan con modelos
trasnochados, que no funcionan. No dejarse llevar de personas que se comportan
como niños caprichosos que ni saben lo que quieren ni lo saben manejar
Hay que redefinir
el problema, ver cómo pasar de las posiciones a los verdaderos intereses.
Negociar más para lograr más
Estos procesos son
muy dinámicos, especialmente cuando una de las partes quiere imponer sus
posiciones basándose en la amenaza, en el chantaje y en el juego de la falsa
ética. El siguiente gráfico ilustra la
situación en que se encuentran estos procesos y cómo pueden avanzar hacia el
éxito verdadero.
Hay que ir hacia
las posibilidades posibles, hacia el pareto, y no quedarse en las posiciones
alejadas (4,5, y 6). Hay que ir hacia las posiciones 1,2,3, en dirección
“Noroeste”. Esto implica negociar más para lograr más
Siempre hay que
saber sobre qué se compite y que es lo que se busca. Eso es dinámico
La negociación debe ser integral
Las decisiones que
se tomen deben ser integrales. No ver únicamente las aparentes cualidades. Hay
que ver los riesgos. Hay que ver la cascada de efectos y no solamente la
apariencia del corto plazo.
Cuando se trabaja
con mala calidad, el resultado no es sostenible. Vienen a mi mente las
negociaciones que hace el gobierno con los grupos que lo presionan,
especialmente las que hacía Serpa cuando era ministro de gobierno. La mala
calidad no da para el largo plazo aunque se vean los resultados como el mal
menor. Y menos si se negocia con tercos violentos
La clave es saber
evaluar (monetizar, cuantificar) los beneficios y los costos. No dejarse
engañar de cantos de sirena. Una de las señales evidentes de mala calidad en
los acuerdos es su carencia absoluta de evaluación de impactos o de capacidades
reales para llegar a cumplir las promesas y acuerdos. Por ningún lado se ve
este aspecto. Bueno, no hay que extrañarse. No se le pueden pedir peras al
olmo.




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