Ante las infamias de la tiranía venezolana
Da la impresión de que nada podemos hacer ante la arbitrariedad del régimen totalitario que atormenta a la hermana nación de Venezuela. Ha caído un plaga sobre esas bellas tierras, dominadas ahora por gente ignorante, violenta, grosera, desafiante y manipuladora. Todo está aparentemente arreglado, a base de perfidia, dinero, represión, propaganda, dádivas a sectores para comprarlos. Han utilizado todos los medios de lucha, han estado asesorados por Cuba, país experto en totalitarismo, en cuentos y en manipulación. Y están apoderados de todo.
Pero no de las consciencias. Allá en el interior de los corazones, aparentemente doblegados y apagados por las amenazas y silenciados por la propaganda, por las agencias de los medios arrodillados ante los tiranos o que simpatizan con esas ideas ineficientes y destructoras, se esconden las llamas de la sabiduría, del amor, de la justicia. Llamitas que pueden ser pequeñas, pero que no mueren.
Y no se han apoderado de la creatividad de las personas. Eso no es manipulable, siempre habrán brotes de inteligencia creativa, que alguna vez, van a permitir que resurja la sabiduría, que salgan a flote las buenas prácticas, la convivencia, el amor, la solidaridad, la libertad, la capacidad para desarrollar proyectos y para soñar.
Tampoco pueden apoderarse de los espíritus y de las almas ni dominarlos. Bien sabemos que estos tiranos no creen en la estética interior, en la resiliencia del ser humano. Son prepotentes, creen que sólo ellos pueden mantenerse en el poder, a lo Castro, por los años de los años. Y lo logran. Y lo seguirán logrando. Pero ¿cuál es su triunfo? Discursos interminables de horas y horas, y una pobreza y una actitud de país víctima, una inercia de voluntades que no pueden sacar cabeza. Como de todas formas los espíritus siguen vivos, incluyendo los de los seres humanos robots, que aplauden servilmente, las cosas funcionan y el país, aún débil y mal manejado, sigue y marcha. ¡Pero a qué costo! Apagada la inteligencia de los individuos, estos tienen que migrar o resignarse a la mediocridad burocrática y las oportunidades perdidas.
En estos momentos los tiranos de Venezuela la emprenden contra Colombia, que entre miedos, prudencias y temores, levanta con timidez su cabeza herida, sabedora de que esas hordas maléficas van a hacer lo que les dé la gana, con tal de distraer la atención y ganar tiempo. En estos momentos esos tiranos y su sistema judicial, que ambas cosas son una sola, como en toda tiranía de inspiración cubanista, dan un duro golpe contra el liderazgo independiente de Leopoldo López y lo condenan con desvergüenza.
Y nada se puede hacer. ¿O sí?
Pues sí, puesto que la consciencia es la mayor de las fuerzas humanas. Debemos expresarnos, decir cosas, compartir opiniones, escribir y soñar. Así como las maldades de Stalin y de Pol Pot se terminaron, todo absurdo totalitarismo ha de caer, sino en la realidad inmediata, por lo menos en la conciencia humana. Así podremos contribuir a que no nos azoten tan duramente y tan ingenuamente esos males, que aparecen a la vuelta de la esquina en cabeza de los señores de las FARC y sus seguidores, las nuevas fuerzas que va a aparecer en el horizonte local, expertos máximos en el empleo de todas las fuerzas de lucha y entusiastas admiradores de los modos totalitarios y castro-chavistas de hacer las cosas. Se imagina uno que se retuercen de la emoción y de la expectativa con las miserias que nos van a imponer cuando lleguen al poder. Y ojalá que no.
Que el árbol de nuestra creatividad interior esté siempre vivo

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