13 de septiembre de 2015

A propósito de la condena de Leopoldo López

Crónica de un héroe digno y de una maligna jueza

Una jueza ha traicionado
su promesa de ser justa
y con dureza ha condenado
al héroe, a pena absurda.

Esa mujer retorcida
se regodea con su sentencia.
Es el gran día de su vida
y se siente satisfecha.

La perseguirá la fama
de jueza mala e injusta
y habrá, allá en su alma
una tristeza profunda.

Pero no la va a notar.
Su mente está nublada
con un odio visceral  
que la tiene envenenada.

El fin todo lo justifica
y todo se puede hacer
bajo la indigna política
que obedece esta mujer.

Ni derechos ni humanismo
ni consideración ninguna;
todo estaba decidido
en esta patraña burda.

La jueza mira orgullosa
prepotente y muy segura
y condena a cárcel odiosa
a un hombre de vida pura.

El héroe contempla
y no pierde su entereza.
A la sentencia se enfrenta
con dignidad y pureza.

Sabe bien que la libertad
brota del ser interior
y que no la puede apagar
ninguna inmunda prisión.

El héroe inspira amor
en contraste con su verdugo
que destila odio y temor
en su dictamen oscuro.

Es claro que los tiranos
son seres acomplejados
egoístas y atormentados
por un oscuro pasado.

Otra página queda escrita
en la historia de las vergüenzas
pero el héroe la dignifica
con su fe y con su presencia.

Por si no saben les cuento
que esta desvergüenza
intenta apagar los sueños
de libertad en Venezuela.

El héroe es Leopoldo López
y no les digo quién es la jueza.
Es que poco importa el nombre
de esta débil marioneta.

No dejemos que el olvido
el silencio y la indiferencia
sean los mudos testigos
de esta injusticia inmensa.  

  

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