2- A la unidad esencial se llega mediante el control de las formas mentales
El conocerse a sí mismo como autor de ideas y de creencias y el adquirir la capacidad para manejarlas, permite pacificar y unificar la vida.
Las formas mentales tienen que
ver con tres calidades de la mente: la mente despierta, en estado de alerta,
iluminada; la mente activa y la mente inercial.
Estas formas mentales se reflejan
en pensamientos e ideas, en creencias que tienen una influencia determinante
sobre la realidad que vivimos las personas. Las ideas se manifiestan como
realidades imponentes que condicionan el vivir. Si uno asume el control
creativo de las ideas y de las creencias personales, se descubre la unidad
subyacente en el aparente desorden mental y se simplifica y se pacifica la
vida.
Debido a la gran movilidad de los estados mentales, el
control trabaja mejor si se hace en armonía con esa naturaleza variable y
juguetona. La movilidad es la clave del control, lo cual es tan sorprendente
que se nos escapa.
Las formas de la mente
Esa amiga mía, la mente
llena de potencia, con sus tres estados aparentes
y su esencia que, insistente,
se refleja cuando pienso,
se revela cuando duermo,
se despierta cuando trasciendo.
Esa mi amiga descontrolada
en mil formas, imponente,
se deja llevar y humildemente
se deja manejar,
cuando entiendo los procesos
y recurrente llamo a la puerta
que sustenta la unidad
de la vida y de la muerte.
La localización y el control de los tres estados mentales
Encontramos el elemento que da unidad a los tres estados mentales, en la transición entre los estados, como un punto de unión y de origen. Al observar estos estados de transición, se logra una conciencia creciente sobre el funcionamiento mental, conciencia que se refleja en una actividad personal más coherente, ordenada y feliz.
Hay dos momentos muy apropiados
para observar estas transiciones: Al
empezar a dormir y al despertarse. En la mañana, al comenzar el día,
saliendo del sueño, podemos hacer una, dos o tres afirmaciones para
experimentar la vida que vale la pena vivir. Es una siembra de creencias para
evolucionar, para crecer, para servir, para amar, para ser feliz. En la noche,
cuando termina la jornada y estamos en la cama a punto de dormir, podemos agradecer
el día que hemos vivido y sentir la satisfacción de estar vivo y alerta.
Pero igualmente el inicio de cada
actividad es una oportunidad para creer en lo que se hace y para expresar esa
creencia, y cada terminación para agradecer lo que se ha hecho, para resaltar
la magia de las cosas que funcionan y de los seres que las han hecho posibles.
Debemos aprovechar las múltiples
ocasiones que se presentan en la vida para hacer tres celebraciones cuando
emprendamos una actividad: al iniciarla, al caer en cuenta de que estamos activos
y al terminarla. Así nos conoceremos como
autores de nuestras ideas y creencias y lograremos cada vez más la
capacidad para manejarlas, con lo cual habrá paz y felicidad en nuestras vidas.

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