Es un bello intento, es un buen propósito, es una gran realidad, el que veamos y sintamos las cosas en
completa armonía con la naturaleza de nuestro propio ser.
La naturaleza propia del ser es
un estado de libertad perfecta. Experimentar la libertad y reconocerla en
nosotros mismos se logra al explorar con generosidad, con amplitud, con aprecio, los objetos que nos rodean,
los cuales se pueden conocer en formas variadas y relativas que dependen del
observador. Darse para recibir la plenitud. Regalar atención para recibir alternativas y flexibilidad. Descubrir la creatividad que vibra por doquier, para traerla a la vida propia.
Pero este proceso no debe ser rígido. La naturaleza del ser se oscurece
cuando se identifica ciegamente, rígidamente, con la de los objetos, pudiéndose perder el sentido de la
libertad creativa. Por eso los distintos tiranos de la historia imponen
sistemas rígidos sobre las personas, haciendo que se esclavicen de ideas y de símbolos.
Las personas podemos recuperar y gozar de la
libertad mediante el ejercicio de movimientos de nuestros puntos de vista con
relación a los objetos. Esto nos permite apreciar la movilidad de nuestro ser y
reconocernos como observadores creativos, autores últimos de cada posición
variable que asumimos.
La naturaleza verdadera del ser que observa
Esa nube que cubre las cosas
es la misma nube oscura que nubla mis ojos
la he puesto allí con mis ideas fijas y ciegas
y la disipo cuando juego con ellas.
Esa nube obsesiva y atrayente
me atrapa cuando la veo iluminada
y se convierte en temores que amenazan
cuando creo el miedo en mi mirada.
Esa nube engañosa, tan variable
es el reflejo de mi ser creativo
que se muestra en cada cosa
aunque la vea oscura o luminosa
En un juego de luces se ilumina,
y en un juego de luces se oscurece.
En un juego de luces se crea y se disipa,
en un juego que creo con mi mente.
Cambios de punto de vista.
Examinemos de vez en cuando asuntos desde al menos tres puntos de vista: el punto de vista del niño, el punto de vista
del adulto y el punto de vista del anciano.
Examinemos los problemas que nos agobien desde tres puntos de vista: el del hombre, el de la mujer y el de nuestros hijos.
Inventemos cada día tres nuevos
puntos de vista para mirar algún objeto.
Observemos, cada que podamos, desde
tres puntos de vista distintos a los tuyos, y apreciemos estas perspectivas con respeto y
admiración.
No olvidemos mirar algunas cosas
desde el punto de vista de Dios, el autor último de todas las posibilidades que
existen.

No hay comentarios:
Publicar un comentario