8 de septiembre de 2016

TEMA DE OPINIÓN

Una buena negociación con alguien que se ha comportado terriblemente




Me he puesto a pensar cómo se puede negociar con personas a las cuales uno no les tiene confianza. Supongamos que nos encontramos en la vida con una persona que conocemos por ser mentirosa, ladrona, manipuladora y que ella nos está proponiendo un intercambio, un negocio. Por ejemplo, nos está vendiendo una tierra o algún establecimiento comercial.  Para atraernos, esta persona nos ofrece condiciones tan ventajosas, que dejamos de lado nuestras prevenciones y nos atrevemos a conocer el negocio, a que nos lo explique; o puede suceder que esta persona tiene algo que nosotros deseamos o necesitamos. En tal caso, dejamos también de lado nuestras prevenciones y nos acercamos y le manifestamos interés.  Empieza un proceso de negociación, tenemos algo de susto, ya sabemos que esa persona es de cuidar, que dice mentiras, que promete y no cumple.  Pero nos explica, nos convence, todo parece muy bien, decidimos proceder con el negocio. Sin embargo, como sabemos que esa persona es enredada y enredadora, que si nos descuidamos nos va a engañar, procedemos a pedir garantías. A buscar formas de protegernos del engaño. Si somos demasiado inocentes, si confiamos totalmente, es muy posible que tal persona se aproveche de nosotros y nos engañe. Por eso pensamos que es mejor pedir garantías, muestras de compromiso, de seriedad, formas de evitar que nos engañen.

Al escribir esto pienso en la negociación con las farc. Definitivamente son un grupo al cual no se le puede tener confianza a la ligera. Han demostrado una y otra vez, en muchos años, su malicia, su capacidad de engaño, su habilidad extraordinaria para los sofismas, para manipular, para jugar con las palabras y para mentir. Han sembrado los campos de muchas veredas con artefactos de muerte a traición, las minas quiebrapatas, ampliamente prohibidas como instrumentos de guerra. Han distribuido cocaína por todo el mundo. Han secuestrado. Han extorsionado; han robado ganado y tierras; han destruido caminos, pueblos e infraestructura; han derramado petróleo a los ríos y al ecosistema; han contaminado las mentes inocentes  de niños y niñas con ideas de guerra y de violencia; han violado mujeres; han desaparecido gente; han fusilado a sus mismos hombres cuando desertan o cometen faltas. ¿Cómo confiar en estas personas? Es muy difícil. Además son personas tercas, que no cambian de punto de vista, que creen que pueden hacer lo que les dé la gana, por años y años, sin que les importe la muerte propia y la de los demás: son fanáticos ¿Cómo confiar en estas personas?

Pero el país se enfrentó, los fue derrotando y arrinconando y se vieron disminuidos, cercanos a desaparecer, a volverse un anacronismo estorboso, pero manejable. Entonces, los salvó el chavismo, el socialismo del siglo 21. Sus líderes se refugiaron en Venezuela, evitando la destrucción y allí, seguramente bien asesorados por el chavismo y por sus propios ideólogos no militares, se les ocurrió la idea genial de negociar. Negociar para no caer en la derrota definitiva.

Entonces, a negociar se vio abocado el país, deseoso de terminar por fin con la terrible pesadilla fariana, el peor mal de la historia reciente ¿Cómo negociar con estas personas? Bueno, ya hemos visto lo que finalmente pasó. Un débil equipo del gobierno se enfrentó a semejante desafío. Pero no solamente es  un débil equipo; algunos de sus miembros han mostrado clara simpatía y apertura hacia las posiciones farianas manejadas por expertos abogados comunistas, llegándose a extremos que tienen al país en vilo, lleno de dudas, inseguro, ante la evidencia de que se ha entregado demasiado a una contraparte maliciosa, sin que haya garantías. No dejo de pensar que en el trasfondo de todo ello, está el orgullo y la vanidad del presidente Santos, convencido de que su misión es lograr la firma de un histórico acuerdo con las Farc a cualquier costo. El casi inevitable prestigioso premio Nobel que le aguarda y el agradecimiento rendido de muchas personas, especialmente en el exterior,  que miran con inocente y confiada esperanza la paz que se avecina, son incentivos muy fuertes para su personalidad deseosa de reconocimientos.

Propongo que las farc, para que sean aceptadas como entidad que no engaña, que ha abandonado sus malas prácticas, debería ofrecer lo siguiente como garantías de cambio, como señas evidentes de que son una fuerza política respetable, merecedoras de perdón, de entrar al sistema democrático que tanto han amenazado y dañado:

1   - Comprometerse sin leguleyadas ni palabras engañosas al desminado humanitario del país. Para ello comprometer grupos de hombres, comandados por sus líderes, en forma de batallones de desminado, distribuidos por todo el país. Batallones desarmados, dispuestos a enfrentar los peligros de las minas, que ellos mismos han creado. Naturalmente debidamente entrenados por expertos  y con asesoría, pero directamente responsables de retirar cada mina. Sería un gran acto de valentía y de compromiso, que algunos de los del secretariado o los comandantes estuvieran directamente a cargo de esas cosas, en el campo, sintiendo de primera mano la responsabilidad enorme que tal difícil labor implica. Para tales batallones habría un pago a cargo del estado, pero sería una enorme prueba de cambio y de compromiso, si las mismas farc financian en buena parte estos trabajo, que me imagino van a tomar al menos diez años.
  
2  -  Renunciar definitivamente, claramente, sin engaños ni mentiras al narcotráfico, en forma rápida y ejemplar, sin emplear palabras altisonantes para esconder lo terrible que es ese diabólico negocio. Proceder a renunciar a la siembra de cocaína y de otros cultivos ilícitos, entregar los centros de procesamiento que tengan y a dar a conocer sus contactos en el exterior y sus formas de lavado de activos.  Sería una enorme seña de valentía y de compromiso, si entregan los dineros que ha acumulado en estos negocios, por ejemplo para sostener el proceso de desminado humanitario mencionado o para reparar victimas de desplazamiento por sus acciones pasadas.

3  -    Pedir perdón por escrito y en actos verbales públicos por los siguientes hechos, sin palabras engañosas, sin echar a los demás sus culpas:

·        Siembra de minas quiebrapatas (señalando la cantidad que se estima han sembrado, el número de víctimas civiles, militares y combatientes paramilitares y guerrilleros causadas, los costos estimados de los tratamientos físicos y sicológicos que han sido necesarios
·    Daños de pueblos resultantes de asaltos como los de Nariño y Granada en Antioquia y muchos otros en el país. Hacerlo en actos públicos en todos los lugares que correspondan. Señalar el monto de los daños, las pérdidas humanas y el impacto negativo sobre la vida y la prosperidad de los habitantes.
·        Derrames de petróleo a los ríos y a los campos. Señalar la cantidad de atentados y los costos de los daños causados y las pérdidas de recurso causados. Hacer una acto en presencia de los grupos ambientalistas y de las entidades ambientales.
·        Niños reclutados. Hacer un acto público nacional para pedir perdón. Señalar la cantidad de niños, decir cuántos de ellos han muerto. Permitir testimonios de niños ya adultos que se sientan afectados.
·     Secuestros de civiles y civiles asesinados.  Hacer un acto para pedir perdón y ofrecer disculpas ante un grupo selecto de víctimas. Sería muy significativo, si se sacara dinero de las caletas o cuentas existentes, para crear un fondo para las víctimas de estas acciones que sean pobres o que hayan perdido sus medios como consecuencia de las mismas. Señalar la cantidad de secuestros, desaparecidos y asesinatos cometidos.   

4  -    Renunciar a la armas de forma inmediata y total.
5  -    Acoger la constitución y las leyes existentes.
6  -    Aprender a meditar individualmente y en grupo y estimular la práctica de la meditación.

 Luego de estas cosas, me parece muy bien que se tenga confianza y que se acepte que paguen penas menores, aún por delitos severos y que puedan servir en los cuerpos públicos, naturalmente luego de ser elegidos, con la condición de pedir perdón como persona y de contribuir de alguna forma, aún simbólica,  a reparar víctimas, especialmente cuando reciban sus salarios.

  

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